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Miguel Barca Mir
16/04/2000


No conozco la nueva ley, solo su existencia, no tengo formado criterio sobre su legalidad histórica, no dispongo de propiedades afectas, carezco pues de información, de prejuicios y de contaminación. No tengo explicación plausible para ponerme a escribir en este preciso momento, y desconozco si es o no políticamente correcto, siento únicamente un incontenible impulso al 50% epicúreo y violento y espero sea cierto que se escribe mejor en estado de beatífico cabreo. El caso es que hoy me acuerdo del que ha sido asunto recurrente del camí de Cavalls y, algo estremecido pero protegido por la pátina del que no espera vencer la inercia del movimiento pero con la firmeza de no dejarme arrastrar , asisto a la gestación de uno de los más sutiles errores urbanísticos de los que se pueda dar noticia en los últimos años, porque de perpetrarse será involuntario, irreversible e imparable precisamente por responder a un bien intencionado clamor popular, inducido no obstante con tenacidad negligente que aduciendo como señuelo reivindicaciones solidarias y redistributivas del dominio del territorio olvida calibrar las consecuencias urbanísticas y, - por que se me va a privar de la referencia, -  ecológicas de su iniciativa. El error tiene dos vertientes, la primera poética,- cuya explicación dejare para el final -, y la segunda científica.


     En línea científica, analicemos los objetivos las actuaciones y sus efectos, esto es:  se pretende crear una vía de propiedad y dominio públicos que circunvale la isla ; el detonante de la iniciativa se encuentra en los conflictos por el acceso a ciertos puntos de la costa;  el argumento validante se basa en la existencia previa aunque exótica de una servidumbre militar;  el argumento de soporte sociológico se aferra a popularizar un fácil acceso a todo el litoral ; el efecto mas o menos inmediato será su utilización lúdica y masiva,-y bien será que así sea pues ese disfrute colectivo es el argumento básico de su creación;  el efecto a medio plazo será la exigencia de su acondicionamiento, mejora y ampliación, el uso hace la costumbre como la oferta crea demanda; el efecto a largo plazo será que, como todas las vías de circulación que en la historia han sido, se convertirá en eje vertebrador de tensiones sobre el territorio, tensiones que no pretendo caracterizar pero producirse se producirán ,-con tanta seguridad como ese conflicto que estallará en algún lugar del tercer mundo dentro de tres o cuatro años-.


         La protección del territorio es infinitamente mas volátil que su roturación que tiende a ser perenne, por tanto, el que piense que puede proyectar una vía de circulación y además establecer férreas y eficaces normas de control para su utilización a futuro, ensueña o delira o ambas cosas al tiempo.


      Aceptados por tozudos los hechos contrastados por el empirismo científico deberemos preguntar a los patrocinadores de la iniciativa si han contemplado en sus presupuestos la prospectiva aquí esbozada o, mejor, sin polémicas ni alharacas, invitarles a que la consideren y, como se que el discurso cuanto más breve mejor y a fuer de resultar pedante por didáctico insistiré en un resumen con el que estará de acuerdo hasta el menos avisado de los Urbanistas.


      Crear una vía de circulación es un hecho irreversible que evoluciona según leyes implícitas de dificilísimo control que invariablemente implican tensiones colonizadoras del territorio. Y si no, ¡al tiempo!.   Para no incurrir en demagogias y lugares comunes de los que abomino, no hago referencia a las consecuencias sobre el medio ambiente y ,respetuosamente, dejo esas consideraciones para quienes trabajan y conocen esa faceta de la ciencia.


       La vertiente poética de mi rechazo al cami de cavalls tiene su origen en mi percepción paisajística de Menorca, estructurada geológicamente en espina de pez con recorridos naturales perfectamente grabados sobre su lomo longitudinal y sus entrañas radiales hacia la costa. Considero que subvertir ese orden natural, penetrando el territorio en línea circunvalante puede resultar muy práctico para acceder sin esfuerzo, aunque también sin magia, a la zona codiciada, pero a mi me evoca el símil delictivo que describe la penetración violenta y el desvirgue grosero del objeto de deseo.


      El cami de Cavalls nació como una necesidad militar hoy felizmente caduca y tras un proceso azaroso y contra todo pronóstico desapareció la traza de aquella primera agresión, posteriormente el nefasto Plan Provincial de Baleares de los setenta dibujó una segunda tentativa de circunvalar la isla que milagrosamente murió "de finó".   En mi opinión no deberíamos desbaratar el favorable azar histórico propiciando una tercera que, esta vez sin remedio, ponga en riesgo la virginidad del prelitoral que nos queda.


     Mi discurso nada tiene que ver con legitimas vindicaciones de grupos amantes de la naturaleza y el deporte que reclaman dar satisfacción a sus aficiones,- para las que, en mi opinión, deberían arbitrarse soluciones alternativas que contemplen la nutrida red de caminos rurales infrautilizados o en desuso,expropiaciones incluidas-. Nuestra sociedad avanza en dirección de la satisfacción universal de los deseos individuales y colectivos pero, como bien saben los expertos, sociología y ecología mantienen difícil sintonía.  Por mi parte, fiel a mi discurso sobre los recorridos esforzados y sorpresivos frente vias panorámicas y circunvalantes, espero que no se culmine el desaguisado y, si no tiene remedio, me prometo no hacer uso.


   (*)Ante la aparente contradicción con aseveraciones anteriores, quiero recordar que nunca antes fue una vía de pleno dominio público sino únicamente una servidumbre con retrocesión.